viernes, 15 de mayo de 2026

Correr está de moda. Evaluar no tanto.

Abrir Instagram un domingo a la mañana se convirtió en algo predecible: historias de personas corriendo con dorsal -ese número prendido en la ropa que identifica a cada participante-, medallas y zapatillas de colores. Carreras de 5K, 10K, medias maratones y maratones completas nos invaden cada fin de semana en casi todas las ciudades. Pero detrás de cada evento hay un proyecto y debería haber un análisis antes de ejecutarlo. La pregunta no es si las carreras urbanas son buenas o malas, sino si quienes las organizan realmente se detienen a evaluarlas.


Una Carrera más, ¿Para quién?

La primera pregunta que debe hacerse cualquier organizador de una carrera es si el mercado realmente valora lo que está ofreciendo. En el mercado de carreras urbanas muchos organizadores replican el formato de eventos exitosos sin analizar si existe demanda genuina en su ciudad, si el corredor objetivo ya está saturado de opciones o si la propuesta agrega valor diferencial. El resultado es una oferta fragmentada donde varios eventos compiten por los mismos participantes el mismo fin de semana, lo que debilita a todos por igual.

El Influencer que no corre

Uno de los fenómenos más llamativos del mundo del running actual es el rol que ocupan los Influencers de Instagram. Marcas deportivas importantes destinan parte de su presupuesto a patrocinar perfiles con miles de seguidores que no son corredores, sino creadores de contenido. Esto plantea un doble análisis desde la evaluación de proyectos:

  • Por un lado, desde la Viabilidad Comercial: Si el Estudio de Mercado de una carrera se construye sobre el alcance de un Influencer y no sobre la demanda real de corredores habituales, se está edificando el proyecto sobre una base frágil. El público que sigue a ese perfil puede estar interesado en la estética del running, en la medalla y la foto, pero no necesariamente en convertirse en un participante recurrente. Eso afecta la sustentabilidad del evento a largo plazo.
  • Por otro lado, desde la Viabilidad Ética:"¿El proyecto es acorde con los principios y valores de quienes lo ejecutan?" Patrocinar a alguien que no practica el deporte que se promueve para atraer a un público que tampoco lo practica constituye una forma de comunicación que no se sostiene en la propuesta de valor real del evento. 

Lo que pasa del otro lado de la largada

Organizar una carrera urbana es logísticamente complejo. El Estudio Técnico tiene por objeto proveer información para cuantificar el monto de las inversiones y los costos de operación pertinentes al evento. En el caso de una carrera, esto implica cronometraje, puestos de hidratación, señalización del recorrido, ambulancias, sistemas de inscripción y entrega de kits, entre otros. Cada uno de estos elementos tiene un costo que debe estimarse con precisión antes de lanzar el evento.

Existe una problemática que los organizadores de carreras urbanas conocen, pero pocas veces abordan como un riesgo: se estima que alrededor del 30% de las personas que participan en una carrera lo hacen sin dorsal, es decir, sin haberse inscripto ni abonado la entrada. Estos corredores se suman al pelotón de manera informal, utilizan los puestos de hidratación, ocupan espacio en el recorrido y, en caso de sufrir un accidente o una emergencia médica, deben ser asistidos por el dispositivo sanitario del evento, que fue dimensionado y financiado únicamente para los participantes registrados.

Esta situación genera un problema que atraviesa varios estudios simultáneamente. Desde el Estudio Técnico, el dimensionamiento de la asistencia médica, los puestos de agua y el personal de seguridad se calcula sobre la base de los inscriptos. Si un porcentaje significativo de participantes reales no está registrado, los recursos disponibles son insuficientes para la demanda efectiva, lo que compromete la seguridad de todos. Desde el Estudio Financiero, cada corredor sin dorsal representa un ingreso no percibido y un costo no presupuestado: consume hidratación, genera residuos y puede requerir atención médica, todo sin haber contribuido económicamente al evento. Y desde el Estudio Legal, la situación se vuelve aún más delicada: si un corredor no inscripto sufre un accidente grave durante la carrera, la responsabilidad civil del organizador entra en una zona de incertidumbre jurídica compleja. ¿Quién responde por alguien que no debería haber estado allí pero que el evento no impidió que participara?

En este punto es muy importante el Estudio Legal de una carrera urbana que abarca habilitaciones municipales, seguros de responsabilidad civil, contratos con patrocinadores y proveedores, y permisos de uso de espacio público. Ningún evento, por rentable que parezca, puede llevarse a cabo si no se encuadra en el Marco Normativo vigente.

Este es uno de los aspectos más frecuentemente subestimados por organizadores que priorizan la comunicación y el marketing por sobre la estructura jurídica del evento. Un incidente durante la carrera sin la cobertura legal adecuada puede generar consecuencias económicas y legales graves.

El Costo Ambiental de correr juntos

Otro de los riesgos que pocas veces se analiza en la planificación de estos eventos es su Impacto Ambiental. Una carrera de miles de participantes genera una cantidad significativa de residuos: vasos plásticos en los puestos de agua, envoltorios de geles energéticos, materiales de los kits de inscripción. Evaluar estas Externalidades negativas antes de lanzar el proyecto es éticamente responsable y tiene que formar parte del análisis.

Hay un actor que se debe considerar de manera muy concreta: el vecino. El corte de calles durante horas, el ruido de la música y los sistemas de sonido desde temprano en la mañana, la imposibilidad de sacar el auto y la acumulación de residuos en las veredas son costos reales que paga la comunidad sin haber elegido hacerlo.

Los números que nadie publica

El Estudio Financiero determina en último término la aprobación o rechazo del proyecto, ya que mide la rentabilidad que retorna la inversión.

El modelo de ingresos de una carrera urbana incluye inscripciones, patrocinio de marcas deportivas, venta de fotografías y en algunos casos merchandising. Sin embargo, los costos son igualmente variados y muchas veces subestimados: producción del evento, comunicación, cronometraje, seguros, logística e infraestructura. A esto hay que sumarle el costo real de atender a un porcentaje de participantes que nunca pagaron su entrada. Cuando los ingresos no están respaldados por métricas sólidas de participación sino por visibilidad en las redes, la estructura financiera se vuelve volátil y difícilmente sostenible en una segunda edición.


Kilómetro Final

El boom del running como fenómeno cultural y social es real y tiene aspectos muy positivos: promueve la actividad física, genera comunidad y dinamiza la economía local. Pero eso no significa que cualquier carrera deba existir. Como todo proyecto, una maratón urbana requiere una evaluación previa que contemple la viabilidad comercial, técnica, legal, ambiental, financiera y social. Cuando esa evaluación se reemplaza por una estrategia de marketing basada en influencers y estética de redes sociales, el proyecto puede tener un lanzamiento ruidoso pero una vida corta. El corredor sin dorsal que usa la hidratación, el vecino que no puede salir con el auto y la ambulancia que atiende a quien nadie registró son todos síntomas del mismo problema: El kilómetro más difícil no es el último de la carrera, sino el primero del proyecto, el que obliga a preguntarse si realmente vale la pena largar.


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